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Ascenso en solitario al volcán de Fuego |
| Uno de los volcanes más fascinantes de Guatemala, sin embargo su belleza no puede ser contemplada sin haberlo ganado a base de esfuerzo y sacrificio. Este es el relato del comienzo y detalle de una aventura en solitario al Volcán hermano del Acatenango. El volcán de Fuego. |
| Por: Lesterman |
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| La Expedición en la exuberante selva del volcan Acatenango, descenso del primer intento (fallido) de conquistar la cumbre del Volcán de Fuego. De derecha a izquierda: Enano, Quito, Gordo y yo. Los que ya conocen la selva en la ruta de la Soledad saben que es impresionante, pero debieran verla en todo su esplendor al este del cono volcánico, donde solo se puede avanzar a punta de machete. |
La idea de subir al volcán de Fuego nació desde la primera vez que lo vi. Fue algo como un amor a primea vista. Sin embargo, no lograría subir al primer intento, en el cual nos quedamos enfrascados en el lado este del Acate, por la ruta de San Miguel Dueñas ahacia Alotenango, donde se encuentra una exuberante selva, tan densa que nos tomó 16 horas a punta de machete para llegar a la cima del Acate, para descender por el lado fácil de la Soledad. En esta oportunidad la expedición estaba compuesta por 6 personas. Jorge Luis Urízar (Quito), Oscar Ventura ( El Enano), Cesar Batz (Chucha), Patricio Tzoc (Ticho), Marco Antonio Azañon (Gordo) y Yo.
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El ascenso fue sin problemas hasta que el volcán se puso furioso y obligó al equipo a retroceder y ascender al Acatenango. La expedición estaba compuesta por mis amigos: Asdrúbal Méndez, Jorge Luís Urízar, Oscar Ventura, Marco Antonio Azañón y yo. Intento fallido, pero fue una de las mejores experiencias de montaña que hemos tenido, dado que el volcan de Fuego estaba en actividad y lo apreciamos en todo el ascenso al Acate. Fue maravilloso ver el encendido cono expulsando candentes rocas que al rodar se partían y caían al abismo.
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| En la cima del Acate, 19 diciembre 2004. |
La expedición en la cima del volcán Acatenango, segundo intento fallido de conquistar la cima del Fuego. En la primera foto , se detalla parte de la maravillosa vista que se logra desde aquí: En primer plano el volcán Atitlán y el Toliman, a la izquierda de estos el Lago de Atitlán. Al fondo los Volcanes Santa Maria, Tajumulco y Tacaná. De Izq. A Der. Marco Antonio, Jorge Luís y Oscar Gonzalo, al frente Asdrúbal Méndez
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| Panorámica del sulfuroso crater. La primera ves que me asomaba al cráter de un volcán activo. Día 1 |
Así, decidí probar solo. El 8 de abril me dirigí a Antigua Guatemala donde compré provisiones, llegué a Alotenango y dado que no conocía a nadie todavía y que no hay hoteles en el lugar, tuve que regresar a Ciudad Vieja, donde me hospede en el hotel de doña Lluvia, desde donde se tiene una panorámica hermosa de los tres volcanes hermanos
A las ocho de la mañana del siguiente día (9 de abril), empecé mi ascenso. Ya conocía el trayecto. El camino es tan entretenido que uno se olvida que va solo. Hizo un luminoso día. Estando en la recta horizontal arriba de la horqueta tenía la impresión de estar en otro planeta. Era asombroso. Como salido de un sueño. La visibilidad fantástica. El cono del volcán sonreía al sur, y el Acatenango saludaba al norte. el viento era suave.
Al iniciar la planicie arriba de la horqueta, me autofotografíe varias veces con los tres volcanes. Empezaba a sentirse lo frío del viento.
Al llegar a la recta final del cono, me impresionaron en primer lugar las fumarolas. Los gases olían bastante mal y hacían llorar y no precisamente por tristeza, sino por lo picante de los sulfuros. Así, sin mucho sentir la distancia llegué al borde del cráter…….!Había llegado!, estaba completando un sueño, mi sueño de alcanzar la cumbre del volcán de Fuego era una realidad. ¡Estaba allí!. ¡AHH… CARAMBA!……el sonido era ensordecedor…….tuve la impresión que el volcán estaba por estallar…… o que al menos venía en camino una violenta explosión…….el rugido era tan fuerte, las nubes de gases tan densas , el borde del cráter tan delgado, las faldas del volcán tan pronunciadas, que naturalmente tuve miedo……sentí que el volcán estaba por estallar. Rojizas nubes de gases expelidos se arremolinaban justo arriba del cráter que no se distinguía y eran expulsadas aceleradamente hacia arriba. Los gases hicieron de las suyas. Tenía un ataque de tos espantoso, no podía abrir los ojos. El borde del cráter era de unos 50 centímetro de ancho, hacia el este la pronunciada ladera, y al oeste….el ardiente cráter. Perdí el sentido de la orientación. Todo lo que quería era respirar. En mi desesperación había girado en 180º y ahora estaba bajando hacia el lado sur. Gire al norte, supuestamente el norte porque no tenía referencia dado que los gases impedían la visibilidad. Para empeorar las cosas el sol estaba por caer. ¡Rayos! Y no llevaba brújula. Tenía que salir vivo de allí y para ello sacaba hasta las más absurdas ideas que me motivaran a seguir luchando entre las blancas nubes de gases y el amarillento suelo sulfuroso. Ideas tan estrafalarias ahora, pero tan llenas de significado en ese momento, como el regresar a cobrar una triple apuesta que había ganado. Hoy, qué risa me causa ese recuerdo estúpido.
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| Al borde del cráter. Día 1. |
Bueno, siguiendo con el tema, allí estaba, desesperado por salir….luego, en un momento de gloria ví al Acate…. Allí estaba el norte y el punto de descenso, a duras penas, añorando un soplo de aíre puro, me dirigí hacia el norte... pude ver el enorme desfiladero . Temia bajar mucho y quedar atrapado al anochecer en ese punto atacado de gases y expuesto a la inclinada ladera noroeste.
Logré salir. Me desplomé y respiré aire puro, delicioso aire puro. Me dolía la garganta. Luego descendí un poco y encontré unos promontorios rocosos situados a unos 80 metros del cráter. Mi idea era pasar la noche al borde del crater, pero no es como me imaginé, ahora, este es el punto más cercano al borde donde puedo quedarme. Estas piedras me darían soporte para no rodar, y a la vez, me protegerían un poco del viento.
Me desplomé, respiraba por la boca porque me ardía terriblemente la nariz. Cerré los ojos y al abrirlos sentí que caía en un vacío y que las nubes y el cielo se alejaban de mí. Sentía el cuerpo liviano. El estómago me empezó a doler, sentía mucho, mucho frio: estaba intoxicado. Flexione las piernas y me presioné el estómago. Las últimas luces del día se perfilaban al horizonte, el rugido del cráter era amenazador. Temí morir. No quería morir. . Creo que pensé en Dios.
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| Vista del camellón, desde el punto donde pase la noche, al fondo, el Acate. Día 1, día 2 (izq) |
Estuve más o menos una media hora con ese terrible malestar, luego desapareció. Me sentí totalmente bien. Me dejo de doler el estómago y el frío desapareció. Respireé tranquilo, ya no me temblaba la respiración y podía hacerlo con la naríz. Orión brillaba intensamente en el oeste, y la luna tierna parecía una boquita en el cielo. Ah caramba, que bien me sentía. Grité una y otra vez... Es maravilloso gritar con todas las fuerzas y ver como la voz desaparece entre las alturas, arrastrada por el viento hacia las estrellas.
Definitivamente, con tanta acción no se podía dormir. Me la pasé viendo las estrellas, que brillaban con un intensidad asombrosa, especialmente cuando cayó la luna creciente. Las estrellas son una de mis tantas pasiones y aquí, me acompañaron toda la noche, admiré especialmente a Betelgeuse, Alnilam, Alnitak, y Mintaka en Orión (la constelación favorita de aquella chica a quien tanto amé, y Betelgeuse, su estrella); Dubhe, Merak, Phecda y Megréz en la Osa Mayor. Rastaban y Alwaid (Dragon) girando en torno a la Estrella Polar me indicaron la hora que fue confirmada por el hermano Júpiter, que en ese momento se encontraba en Virgo. Etc, etc, etc.
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| Imagen tomada desde el sur del cráter del Volcán de Fuego, en primer plano. Al fondo se ve el Acate. Día 2. Derecha: lava al rojo vivo. |
La actividad del volcán era hermosísima: densas nubes rojas que reflejaban el interior del volcán eran expulsadas constantemente. Con un espectáculo así era imposible dormir. Pero, a eso de las 5 de la mañana quedé dormido. Soñé con el volcán, que erupcionaba suavemente y que tenía que escapar. Desperté sobresaltado, las primeras luces del día se aparecían. Desayuné y caminé de nuevo al cráter, esta vez desde el lado este. El viento suave me acariciaba el rostro.
Aprecié la hermosísima salida del sol con la boca abierta. El espectáculo era sublime: allí estaba a unos metros del cráter, envuelto por el rugido del mismo y acariciado por el viento, con la línea del océano al sur y apreciando como el sol se elevaba sobre las nubes…….eso es algo que no podría comparar con nada. Y que, como cita Borges, “lo que pasa en esos minutos sobrepasa todo el vocabulario de Shakespeare”, es decir que el lenguaje se queda corto.
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| Montañas de Sumal, en Nebaj Quiché, vistas desde el camellón. Abajo, formaciones sulfurosas. Día 1 |
Me asomé de nuevo al cráter, esta vez sin la molestia de los gases, puesto que al viento este los desviaba de mi. Aspire aire y asomé la cara al borde. Unos 15 metros debajo de mí se encontraba el ardiente corazón del volcán. Era bastante pequeño, y no como imaginaba. La presión de los gases expulsados es tal que se sienten como un verdadero puñetazo en la cara. Es hermoso. Al fondo se veía la cima del Acate. Tome unos trozos de escoria y llame a unos amigos quienes a mi pregunta de si sabían donde estaba, se limitaron a responder que no sabían donde diablos me podría encontrar. Con mucha satisfacción coloque el auricular del celular en dirección del cráter para que escucharan el rugido.
Quise comunicarme con una chica a la que quise mucho (y que en ese preciso momento amaba con toda intensidad) pero no fue posible. Ella asegura que solo escuchaba un rugido, el rugido del cráter. Me hubiera gustado mucho oír su voz junto a la sinfonía del amigo volcán y gritarle cuanto la amaba. Vaya, esto ultimo es pura cursilerías, ¿no creen?.
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| Día 2. Arriba: Volcán Acatenango. Abajo: Volcán de Agua. |
Me sentí nostálgico, triste al regresar. Pero me prometí a mi mismo volver.
Allí, en las alturas quedó dormido el hermoso cráter, sonriendo al cielo, retando a las estrellas e invitando a todos los que se atrevan a complacerse en admirarlo.
El descenso es rápido. Casi al caer a la “playa”, caí y me torcí la rodilla derecha. Mi ya rodilla lastimada. ¡rayos! Como me dolía.
Casi arrastraba la pierna, y apoyado en mi rudimentario bastón alcance a un señor, que amablemente hizo llegar mi rodilla a su lugar. La gente de este lugar es tan servicial y amable como en pocos lugares.
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| Mis huellas. Día 2 |
Si de describir este viaje se trata, hay tantas cosas por describir que ocuparían mucho, mucho espacio.
Basten estas pocas líneas para dar una idea de lo solemne que es estar allí arriba. De lo significativo que es “llevar las cenizas a la montaña para regresar con el fuego a los valles” y saber a ciencia cierta que “quien escala las cumbres mas elevadas se ríe de todas las dificultades, ya sean reales o ficticias” – Nietzche.
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